Los New York Knicks están de vuelta en las Finales de la NBA. Con una victoria aplastante de 130-93 sobre los Cavaliers de Cleveland en el Juego 5 de las Finales de la Conferencia Este, la franquicia más icónica de Nueva York regresa a la serie por el campeonato por primera vez desde 1999 — más de 25 años de espera.

Karl-Anthony Towns lideró el ataque con 19 puntos, 14 rebotes, 3 asistencias, 2 robos y 2 bloqueos. Lo respaldaron OG Anunoby con 17 puntos y Landry Shamet con 16 puntos y 4 triples — seis Knicks en total alcanzaron doble cifra. La superioridad fue total: 58-24 en puntos de banca y 33-9 en puntos de contraataque, con ventaja de hasta 45 puntos en el marcador. Donovan Mitchell aportó 31 para Cleveland, pero no fue suficiente. Los Cavs salieron con energía en el primer cuarto — los Knicks la absorbieron, la neutralizaron y cerraron la puerta.

Pero esta historia va más allá del marcador. A la NBA le conviene — y mucho — tener a los Knicks en las Finales. Nueva York es una de las franquicias más reconocidas del planeta, con una base de fanáticos globales que ningún otro mercado replica. Un equipo de Los Ángeles o San Antonio en las Finales mueve televisores. Los Knicks mueven el mundo. El impacto en el mercadeo, en los ratings televisivos, en la exposición internacional del juego es incalculable. Más de dos décadas y media sin llegar a este escenario convierten este regreso en un evento cultural — no solo deportivo.

Los Knicks esperarán al ganador de la serie entre los Spurs de San Antonio y los Thunder de Oklahoma City, actualmente empatada 2-2. Sea cual sea el rival, la NBA tiene garantizada una de las Finales más vistas en años recientes.