Hablar de lanzadores puertorriqueños en las Grandes Ligas es hablar de un linaje de talento que ha dado mucho, pero que podría haber dado aún más. Con el pasar de las décadas, la Isla ha producido brazos que han brillado en los mejores escenarios del béisbol mundial. Sin embargo, también hay que ser honesto sobre lo que no hemos logrado — y sobre las razones por las que esa cima se nos sigue escapando.
El Club Exclusivo: Veinte Victorias y el Cy Young
Empecemos con los números reales, porque en el béisbol los números no mienten.
Al final de su carrera de 14 años en las Grandes Ligas, Javier Vázquez fue el líder histórico entre los lanzadores puertorriqueños en múltiples categorías: 443 aperturas, 165 victorias, 2,840 innings lanzados y 2,536 ponches. Y jamás ganó 20 juegos en una temporada. Tampoco ganó el Cy Young. Eso no lo hace menos grande — al contrario, lo hace más fascinante — pero define el techo histórico que ha alcanzado Puerto Rico.
El club de los lanzadores boricuas que sí llegaron a esa élite suprema es pequeño. Muy pequeño.
Eduardo "Ed" Figueroa — Ciales, Puerto Rico
Es el único lanzador nacido en Puerto Rico en ganar 20 juegos en una temporada de Grandes Ligas. Lo logró en 1977 con los Yankees de Nueva York, con marca de 20-9 y ERA de 3.57. Figueroa fue el lanzador con más victorias para los Yankees en el periodo de tres campeonatos consecutivos de la Liga Americana entre 1976 y 1978 — por encima de Catfish Hunter y Ron Guidry. Un héroe que muchos ni recuerdan.
John Candelaria — "El Candy Man"
Puertorriqueño por sangre, criado en Brooklyn. En 1977 tuvo su mejor temporada con marca de 20-5 y un ERA de 2.34 en 230.2 innings lanzados, liderando la Liga Nacional en promedio de carreras limpias. También fue campeón de la Serie Mundial en 1979 con Pittsburgh. Terminó quinto en votación al Cy Young ese año — el trofeo no llegó a sus manos.
Guillermo "Willie" Hernández — Aguada, Puerto Rico
El único lanzador latino en la historia de las Grandes Ligas que ganó el Cy Young y el Premio al Jugador Más Valioso en la misma temporada. En 1984 registró 32 salvados, ERA de 1.92 en 80 juegos y 140.1 innings de trabajo, llevando a los Tigres de Detroit al campeonato de la Serie Mundial. Se convirtió en sólo el tercer jugador en la historia del béisbol en ganar MVP, Cy Young y Serie Mundial en la misma temporada, junto a Sandy Koufax (1963) y Denny McLain (1968). Falleció en noviembre de 2023 a los 69 años, pero su legado vive en los libros de récords para siempre.
Esos tres nombres forman el club más exclusivo del béisbol puertorriqueño. Y nadie más ha entrado desde entonces.
Los Que Dejaron Huella Sin el Trofeo
Javier Vázquez (Ponce) — En nuestra opinión, el mejor lanzador puertorriqueño de todos los tiempos. En 2009 con los Bravos de Atlanta tuvo su mejor temporada: 15-10, ERA de 2.87 y 238 ponches en 32 aperturas, finalizando cuarto en la votación del Cy Young. Nunca ganó el galardón, pero su consistencia durante 14 temporadas fue extraordinaria.
Jaime Navarro (Bayamón) — Lanzador derecho de 6'4", pitcher de potencia que compitió en las Grandes Ligas desde 1989 hasta 2000 con los Cerveceros, Cachorros, Medias Blancas e Indios, terminando su carrera con marca de 116-126.
Jonathan Sánchez (Mayagüez) — Zurdo con un brazo devastador. Campeón de la Serie Mundial en 2010 con los Gigantes de San Francisco y uno de sólo tres jugadores puertorriqueños en lanzar un no-hit no-run en Grandes Ligas — logro que alcanzó el 10 de julio de 2009.
Joel Piñeiro (Río Piedras) — Lanzador derecho que terminó su carrera con 104 victorias en Grandes Ligas en sus temporadas con Marineros, Medias Rojas, Cardenales y Angelinos.
José Berríos (Bayamón) — El lanzador activo más prominente de la Isla. "La Máquina" se convirtió en el primer lanzador de Puerto Rico en abrir cinco juegos inaugurales de temporada en las Grandes Ligas, y ha sido uno de los brazos más confiables de la Liga Americana con Minnesota y Toronto.
El Problema que Nadie Quiere Nombrar
Y aquí es donde la conversación se pone incómoda.
En Puerto Rico hoy, los mejores atletas del país no están llegando al béisbol. Se están yendo al voleibol, al baloncesto, a otros deportes donde el camino al profesionalismo parece más accesible o más visible. El resultado es que los campos de béisbol se están llenando de lanzadores que, con todo el respeto, no tienen el perfil físico que los scouts internacionales buscan en las Grandes Ligas.
Y entonces ocurre algo paradójico: esos jugadores se convierten en dominantes a nivel universitario y hasta en Doble-A, porque su talento es real. Pero el salto a lo más alto del béisbol organizado requiere algo más que talento — requiere estatura, velocidad de lanzamiento y el tipo de proyección física que atrae dólares en el draft.
Las Promesas del Futuro
En ese contexto, hay dos nombres que dan esperanza real: Elmer Rodríguez y Eduardo Rivera. Jóvenes con talento genuino, con proyección, con el tipo de brazo que — si se desarrolla correctamente y los dioses del béisbol los bendicen — podría acercarse a los niveles de excelencia que describimos en este artículo.
El "si" es importante. El desarrollo en el béisbol moderno es ciencia, no suerte. Requiere preparación, acceso a tecnología, trabajo con biomecánica, y sobre todo, el ambiente adecuado para crecer sin que las presiones económicas interrumpan el proceso.
El Reto de la Próxima Generación
Puerto Rico no necesita otro lanzador de 20 victorias para demostrar su valía. Ya lo hizo Figueroa. Ya lo hizo Hernández con el Cy Young. Ya lo hizo Candelaria.
Lo que necesita es un sistema que capture a los mejores atletas de la Isla antes de que emigren a otras disciplinas deportivas, y que los desarrolle con la misma dedicación que alguna vez convirtió a un muchacho de Ciales en el as de los Yankees de Nueva York, o a un lanzador de Aguada en el mejor relevista del planeta en 1984.
La historia está escrita. La pregunta es si tenemos la voluntad de repetirla.